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Naturopatia y Bienestar - Centro de Naturopatía, Osteopatía y Fitoterapia Biológica
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Alcachofa

Abril de 2014

La alcachofa se compone principalmente de agua. Carece prácticamente de grasas y su nutriente más abundante son los hidratos de carbono, en firma de inulina y fibra, y las proteínas, en cantidades medias en comparación a otras verduras. 

Entre las vitaminas, contiene la B1, B3 y E. En lo que se refiere a minerales, el más abundante en la alcachofa es el potasio, aunque también sobresale por ser una de las verduras en las que el contenido de magnesio, calcio y fósforo es mayor.

No obstante, lo más reseñable en la composición de la alcachofa es la presencia de unas pequeñas sustancias en pequeñas cantidades, pero con unos efectos fisiológicos apreciables:
  • Cinarina. Se trata de un ácido que actúa tanto sobre las células del hígado, haciendo que aumenten la producción de bilis, como sobre los cálculos renales, causando una mayor expulsión de orina.
  • Cinarósido. Es un glucósido flavonoide que deriva de la luteolina, con actividad antiinflamatoria.
  • Cinaropricina. Es la sustancia aromática responsable del sabor amargo de la alcachofa.
  • Ácidos orgánicos. Entre otros, hay que destacar la presencia de ácido málico, láctico, cítrico, glicólico y glicérico, que potencian la acción de la cinarina y del cinarósido.
  • Esteroles. Compuestos vegetales similares al colesterol en cuanto a estructura química, con la capacidad de limitar su absorción en el intestino.
La alcachofa puede presumir de una excelente reputación a nivel nutricional, siendo considerada una verdura sana con una gran variedad de indicaciones. Sin duda, la más conocida es su acción desintoxicante y depurativa, que hay que atribuir a su gran capacidad para aumentar la secreción biliar.

Asimismo, aunque menos intensa, ejerce una acción colagoga, al facilitar el vaciamiento de la vesícula biliar, lo que hace que resulte adecuada en caso de dispepsia biliar provocada por piedras en la vesícula, o por mal funcionamiento de ésta. 

Al hilo de esto, hay que señalar que la bilis segregada tras la ingesta de alcachofa es menos densa y más fluida, lo cual descongestiona al hígado, favoreciendo la aptitud de este órgano en la neutralización y eliminación de muchas de las sustancias extrañas y tóxicos que circulan por la sangre.

La cinarina y otras sustancias presentes en la alcachofa provocan un aumento en la diuresis o producción de orina y, sobre todo, en la concentración de urea en esta. Asimismo, estos compuestos también poseen una suave acción hipoglucemiante, es decir, disminuyen el nivel de glucosa en sangre.

El consumo de alcachofa ayuda a disminuir los niveles de colesterol, gracias a su riqueza en fibra, que forma geles viscosos que fijan la grasa y el colesterol a nivel intestinal, con lo que se reduce la absorción de dichas sustancias. Además, la presencia de esteroles vegetales en su composición potencia aún más la acción de la fibra e interfiere en la absorción del colesterol con la alimentación.

Por último, es conveniente señalar el potencial anticancerígeno de la alcachofa, puesto de relieve a través de estudios clínicos. En 2010, así lo hicieron investigadores de la Universidad japonesa de Nihon, que revelaron ese potencial frente al cáncer de piel. En 2012, fue un equipo de el Instituto Nacional del Cáncer Reina Elena de Roma (Italia), quien lo evidenció, en este caso, frente al cáncer de mama.

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